La explicación habitual suele ser rápida:
«Le puede la presión».
Puede ser. Pero para un entrenador hay una pregunta bastante más útil:
¿Qué empieza a hacer diferente ese deportista cuando el partido o la competición se complica?
Porque, si sabemos qué cambia, ya tenemos algo que observar y trabajar.
¿Qué cambia cuando aparece la presión?
La presión aparece cuando el deportista siente que hay mucho en juego: quedan pocos minutos, solo tiene un intento, teme cometer otro error, sabe que lo están observando o piensa demasiado en las consecuencias del resultado.
Quizá entonces:
- se precipita;
- deja de mirar lo que ocurre a su alrededor;
- busca constantemente la reacción del entrenador;
- juega demasiado seguro;
- intenta controlar un movimiento que normalmente le sale solo;
- se queda enganchado a un error;
- deja de hablar con sus compañeros;
- toma decisiones distintas a las que tomaría entrenando.
Decir que alguien «se pone nervioso» explica poco. En cambio, saber que después de un error deja de comunicarse, se precipita o tarda tres jugadas en volver a concentrarse nos permite intervenir.
Entrenar bajo presión no es hacer el entrenamiento más desagradable
Una revisión reciente de 22 estudios identificó 92 formas utilizadas para introducir presión en los entrenamientos. Por ejemplo:
- poner un marcador ajustado;
- limitar el número de intentos;
- reducir el tiempo;
- hacer que una acción cuente especialmente;
- introducir distracciones;
- simular un momento habitual de competición.
Pero no existe un ejercicio mágico que enseñe a rendir bajo presión.
Tampoco es lo mismo decir «vamos a entrenar cómo reaccionamos cuando quedan dos minutos y vamos perdiendo» que «como habéis fallado, ahora todo el mundo corre».
Las dos situaciones pueden poner nervioso al deportista. Solo una le permite entender qué está entrenando y qué respuesta puede probar.
Meter más estrés no siempre significa entrenar mejor.
El entrenador también influye
No solo importa el ejercicio. También importa cómo responde el entrenador cuando empiezan los fallos.
Puede ayudar cuando:
- explica qué se va a trabajar;
- aumenta la dificultad poco a poco;
- deja claro en qué quiere que se fije el deportista;
- permite que aparezcan errores;
- valora cómo reacciona después de fallar, no solo el resultado;
- pregunta qué ha ocurrido antes de asumir que ha faltado actitud.
Y puede empeorar la situación cuando humilla, cambia las reglas sin avisar, castiga cualquier error o convierte cada entrenamiento en un examen.
Un estudio con deportistas y entrenadores de élite destacó la importancia de la confianza, las explicaciones claras y la capacidad para adaptar la dificultad.
No solo entrenamos cómo responde el deportista. También le enseñamos qué puede esperar de su entrenador cuando las cosas se complican.
¿Qué queremos que no deje de hacer?
Antes de añadir presión, conviene hacerse esta pregunta:
¿Qué necesito que el deportista no deje de hacer cuando llegan los nervios, el marcador aprieta o acaba de cometer un error?
Después de un error, quizá queremos que pueda reconocerlo, soltarlo y participar en la siguiente acción.
Ante un lanzamiento, un saque o una ejecución importante, mantener su rutina, fijarse en una referencia concreta y ejecutar.
En un final ajustado, mirar, decidir y actuar sin precipitarse. En un deporte de equipo, seguir comunicándose. En uno individual, mantener el ritmo o el plan previsto aunque aparezcan dudas.
No buscamos que el deportista «no piense» o «no se ponga nervioso». Buscamos que los nervios no le hagan abandonar aquello que necesita seguir haciendo.
La presión tiene que parecerse a la competición
No hace falta convertir cada entrenamiento en una final olímpica.
Tiene más sentido utilizar situaciones que el deportista pueda encontrarse realmente: poco tiempo, un marcador ajustado, un error anterior, una única oportunidad, alguien observando o el cansancio de un momento decisivo.
A veces toca aprender algo nuevo. A veces repetirlo hasta que salga con más seguridad. Y otras veces interesa comprobar qué ocurre cuando añadimos nervios, urgencia o miedo a fallar.
La presión puede formar parte del entrenamiento, pero no debería convertirse en el ambiente habitual del equipo.
En resumen
Si un deportista entrena bien y compite peor, no siempre necesita «ser más fuerte mentalmente».
Quizá necesita practicar qué hacer cuando falla, duda, se precipita o empieza a pensar demasiado en el resultado. Y el entrenador forma parte de ese aprendizaje.
No se trata de eliminar los nervios. Se trata de que el deportista pueda llegar a pensar:
«Aunque el momento se complique, sé qué tengo que hacer ahora».
Fuentes seleccionadas
- Bouthiller, E. y Lautenbach, F. (2025). Implementing pressure on athletes during training: a scoping review. International Review of Sport and Exercise Psychology.
- Bouthiller, E. y Lautenbach, F. (2026). Holding the line between challenge and harm: A reflexive thematic analysis of pressure training in sport. Psychology of Sport and Exercise, 86.
- Schweickle, M. J. y colaboradores (2026). Performance Under Pressure in Sport: A Position Statement from Exercise and Sports Science Australia. Sports Medicine, 56, 1851–1867.